Compartir este artículo en:



Autoestima Baja e Inseguridad

¿Quién eres?, ¿Cómo te ves a ti mismo?, ¿Te sientes apto para los retos de la vida? Estas son preguntas elementales relacionadas con la Autoestima.  Aunque todos los seres humanos debieran experimentar una valoración positiva y pertinente de sí mismos, lamentablemente, numerosas personas se ven sumergidas en sensaciones de inseguridad, inutilidad, e incompetencia. “No valgo la pena”, “No soy suficientemente bueno”, “No merezco ser feliz” son percepciones y tendencias negativas que ponen de manifiesto profundos problemas de autoaceptación y de apreciación personal. 

Entonces, ¿En qué consiste la Autoestima? Se puede decir que es una visión íntima y profunda que ha desarrollado un individuo sobre sí mismo, considerando su: fisionomía, rasgos psicológicos, naturaleza y modo ser. Es una especie de juicio personal, en el que el sujeto sopesa consciente y subconscientemente sus aptitudes, sus capacidades y su valía en la vida. En otras palabras, es lo que yo percibo y experimento sobre mí persona.

Autoestima baja

Implícitamente, la Autoestima consta de una valoración y un reconocimiento de lo que el individuo es, y de lo que puede llegar a ser.  De cierto modo, es parte de la identidad propia y se concibe como una predisposición por medio de la cual los seres humanos tienden a evaluar su capacidad o incapacidad para enfrentar los retos del día a día.

Evidentemente, la manera en que el hombre se concibe a sí mismo incidirá en sus interacciones, actividades, relaciones, e incluso en las posibilidades de mejoramiento de su vida. Algunos trastornos depresivos, fobias, deficiencias académicas y laborales, problemas de alcoholismo e incluso de drogas, en mayor o menor medida se encuentran relacionados a conflictos de la Autoestima. Y es que, la visión personal (¿Quién pienso que soy?) y la autoconfianza que tenga un individuo influirán en sus decisiones y por ende, en su destino.

En este sentido, la percepción que el sujeto posee de sí también afectará la forma en que se integra a sus entornos. Mientras que las personas con alto autoestima se caracterizan por ser: confiadas, responsables, tolerantes, aptas, emprendedoras, decididas, estables, optimistas, seguras, asertivas y capaces de afrontar retos; las personas con baja autoestima experimentan desastrosas sensaciones de: pusilanimidad, insuficiencia, torpeza, ineptitud, evitación, pasividad, retraimiento, desinterés, inseguridad, entre otros. De allí, que una Autoestima positiva sea un pilar fundamental para una vida saludable y armónica. Quien posee un Autoconcepto adecuado tendrá entonces la convicción necesaria para hacer frente a cualquier tipo de exigencia y por tanto podrá vivir resueltamente.

Es importante explicar que la Autoestima se alimenta principalmente de: la autoconfianza y el autorespeto. Por un lado, la autoconfianza, entendida como una suposición mental positiva que posee el individuo sobre sus capacidades para afrontar favorable y satisfactoriamente las problemáticas que le aquejen. Por el otro lado, el autorespeto, es decir, la existencia de una fuerte conciencia y valoración de su propio ser, por lo cual, el sujeto cuida y atiende sus necesidades, sintiéndose digno de alcanzar y gozar una existencia plena. 

Ahora bien ¿Cómo se desarrolla la autoestima? Nuestra valoración personal se desarrolla desde los primeros años. Usualmente, los niños se forman una imagen de quienes son a partir de la influencia de sus padres o responsables. En este sentido, el comportamiento del adulto durante la crianza (discurso, conductas, aproximaciones) incidirá en la forma en que el infante se experimenta a sí mismo. Y es que en estos contactos iniciales el niño aprende a percibirse, bien sea como alguien merecedor de afecto y atenciones, o como alguien indigno e intolerable.   

Es importante resaltar que los sentimientos y las perspectivas desarrolladas durante la infancia tienen gran poder sobre el Autoconcepto que se forma el adulto. Y es que, algunas actitudes y valores adquiridos en edades tempranas posiblemente subsistan como un estado mental y repercutan en el desenvolvimiento de los individuos. En otras palabras, un infante enfadado, lastimado, y desconfiado, puede que se convierta en adulto hostil, y receloso.

Lo mismo ocurre con la etapa de la adolescencia. Muchas de las experiencias de la pubertad prevalecen en la psique perennemente, repitiéndose en el inconsciente. Entonces, el adulto que desea elevar su Autoestima debe relacionarse positivamente con su pasado. Un individuo que reconoce y admite la persona que fue, está en la capacidad de superar las contrariedades que perjudican su Autoconcepto. En este sentido, la persona debe reconciliarse con el niño, el adolescente y el joven para permitirse vivir nuevas experiencias que refuercen y beneficien su valoración personal. Es innegable que, la Autoestima puede debilitarse o fortalecerse en función de variados sucesos relacionados con la comunidad, los centros educativos y especialmente, la familia, por tal razón es indispensable el abordaje del pasado.

Factores que inciden en la Autoestima

La Autoaceptación.

La autoaceptación es un camino positivo y saludable hacia el mejoramiento personal. Si un sujeto busca elevar su Autoestima debe empezar por aceptar lo hechos tal cual son, sin discriminaciones, ni rechazos. Ciertamente cualquier persona puede negar sus penas, sus limitaciones, e incluso sus sentimientos, sin embargo, esto sólo traerá más resistencia. Contrariamente, si el individuo reconoce la experiencia, en vez de reñirla, esto permitirá que se haga consciente de su situación, y que pueda enfrentarla.  Por ejemplo, si un sujeto se niega a aceptar sus miedos, ¿Cómo podrá superarlos? Lo cierto es que nadie se siente motivado a modificar conductas o dificultades cuya existencia no admite. Ignorar los problemas de Autoestima sólo empeora las condiciones del afectado.    

Autoresponsabilidad.

El concepto de autorresponsabilidad se relaciona con el cumplimiento voluntario de obligaciones personales. Cuando los sujetos asumen la responsabilidad de su vida reconocen el llamado de su conciencia y se comprometen a hacer uso de sus habilidades y talentos. También asumen los efectos y las repercusiones tanto de sus acciones, como de sus decisiones; Quienes trabajan en su autoestima debe internalizar que son responsables de todos los aspectos de su vida (espiritual, intelectual, sentimental y material), y por tanto de su felicidad.  

En el momento en que un sujeto toma las riendas de su existencia y se hace responsable de sus actos, comienza a desarrollar una disposición más activa en su forma de actuar. De esta manera, el individuo se descubre así mismo a través de su capacidad de producción y de su fuerza de ejecución. En este sentido, el trabajo productivo permitirá que el sujeto fortalezca sus ansias de crecer, y que desarrolle una orientación más fructífera y provechosa hacia la vida misma. 

Autoafirmación.

La autoafirmación consiste en comunicar abiertamente los valores y las convicciones que el sujeto tiene de sí mismo. En otras palabras, quiere decir hablar y proceder desde la autenticidad, sin depender o alienarse por los juicios de otras personas.

Al respecto, el individuo expresará lo que piensa y anhela esperando el respeto de sus semejantes. Al autoafirmarse, el hombre se manifiesta honrando la vida que le corresponde, sin importar las expectativas ajenas. Se trata de no perder la identidad, de ser tolerantes con las demás personas sin tener que renunciar a los valores o principios que verdaderamente interesan al sujeto.

Tener un Propósito.

Para vivir, hay que tener propósitos claros. El significado de la vida normalmente se relaciona con la realización personal, espiritual y profesional, con los sueños y las ambiciones. De modo que para elevar la Autoestima se recomienda planificar y ejecutar metas. Vale decir que el establecimiento de las mismas, resulta de gran inspiración e impulso para cualquier ser humano. Alcanzar propósitos resulta una de las experiencias más enriquecedoras y gratificantes que existen.

Vivir con plena conciencia.

En general, la vida depende de la capacidad de pensar de los seres humanos. Es a través de la inteligencia que el hombre se adapta, sobrevive y progresa. No obstante, el uso de la razón no es algo mecánico o automático, es una decisión que toma cada sujeto. De este modo, el hombre elige constantemente entre hacer uso de su conciencia o no, entre conocer o desconocer, entre acrecentar sus saberes y sus talentos, o limitarse al mínimo esfuerzo, en definitiva, el hombre decide mejorarse o restringirse. Es importante destacar que la Autoestima se verá afectada por la manera en la cual cada persona decide hacer uso de su conciencia. 

En este sentido, vivir con plena conciencia significa que el individuo se prepara continuamente (conocimiento y aprendizaje) a fin de manejarse de forma satisfactoria en las diferentes áreas de la vida, cultivando nuevas y mejores conductas e instruyéndose constantemente para hacer frente a la realidad.

 

Psicólogos de Bogotá expertos en Autoestima

Autor: © PSIGUIDE